CORAZONES DE MARMOL



Normalmente nos movemos por la vida disfrazados de mármol, con nuestra apariencia de seguridad, de saber hacia dónde nos movemos, qué queremos, qué nos proponemos. Ponemos nuestra cara de póker, esa que esconde nuestros pensamientos a los ojos de los otros, para así poder soportar sin morir de miedo su cercanía en el vagón de metro, en la parada del autobús, en la cola del supermercado.

Pero por dentro seguimos siendo tiernos, blanditos, asustados, dubitativos, temerosos, pero también ilusionados, animosos, divertidos, sorprendentes. 

Quizá debiera ser al contrario, blandos por fuera y más duros por dentro, para no tener que traicionarnos tanto, para no tener que convertir finalmente también nuestros corazones en frío mármol.